El Coronel José Antonio Melián fue un distinguido militar
que se destacó durante la guerra por la Independencia Argentina, la campaña a
Chile y otros eventos de la época, y no sólo por su coraje, sino porque quizás,
una innata habilidad, le permitía obtener siempre las mejores condiciones
para que los efectivos a su mando lograran el objetivo propuesto. Nació en
Buenos Aires en 1784. En 1806, con 22 años, combatió en Barracas contra
los invasores ingleses. Más tarde participó en la Reconquista de Buenos Aires,
y al año siguiente combatió en las filas de los “Húsares de Pueyrredón” durante
la segunda ivasión de los ingleses. Por méritos logrados en combate, fue
ascendido a capitán por el virrey LINIERS. A partir de entonces, su vocación
militar no lo abandonaría nunca más.
En 1815, regresó a Buenos Aires, convocado por SAN MARTÍN
para.incorporarse al Ejército de los Andes. La Campaña Libertadora era un
asunto muy serio y para San Martín era fundamental contar con los mejores
hombres a su alrededor. Necesitaba jóvenes valientes en muy buen estado físico,
intrépidos y, a la vez, disciplinados. El gran capitán era consciente de la
importancia que tendría la disciplina militar en una campaña de largo aliento
y, sobre todo, en cada metro cuadrado de un campo de batalla. Esa tarea resultaba
muy compleja porque los bravos oficiales de San Martín no eran precisamente
carmelitas descalzas. No caben dudas de que eran temperamentos difíciles de
manejar y si se les aparecía algún jefe débil (que los hubo) se lo comían crudo
y sin aderezos. Lavalle, Dorrego, Aldao, Pedro Ramos, los Olazábal, Zapiola,
Juan Apóstol Martínez, Brandsen, Isidoro Suárez y Necochea. Estos son apenas
algunos de los nombres de la corajuda oficialidad que rodeaba al Libertador.
Eran leones adentro y afuera del campo de combate.
Así fue que MELIÁN se incorporó a ese grupo como jefe
de un escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo y marchó a Mendoza, a
colaborar en los preparativos de la gran campaña. En Chacabuco (12/02/1817),
MELIÁN y sus granaderos tuvieron un papel importantísimo, ya que debieron
desmontar y sostener a pie un desigual combate con la caballería enemiga, luego
de que O’Higgins cometiera un error, al atacar antes de tiempo. Por la bravura
con que se manejó y su valerosa acción en aquel momento crucial, MELIÁN fue
llamado por SAN MARTÍ, quien lo felicitó y le regaló el sable que él mismo
había usado en 1808, cuando integró las filas españolas en la decisiva batalla
de Bailén. Melián tuvo oportunidad de usar el regalo de su jefe en la batalla
de Curapaligüe (04/04/1817), donde nuevamente se distinguió por su audacia e
inteligencia para combatir.
El 16 de marzo de 1818 durante el desastre de Cancha Rayada,
fue uno de los jefes que salvaron el mayor número de efectivos a su mando,
disponiendo una retirada ordenada, tenazmente defendida por su retaguardia.
Combatió luego en la batalla de Maipú (05/04/1818), asombrando a sus camaradas
al atacar alternativamente y con igual éxito, tanto a la caballería como a la
infantería enemigas, actitud que lo hizo merecedor a que se lo ascendiera al
grado de Coronel.
A fines de 1818, pidió y obtuvo la baja por razones de salud
y se dirigió a Chile, donde vivió durante tres décadas dedicado a la
agricultura. En 1849 volvió a Buenos Aires, donde el gobernador JUAN MANUEL DE
ROSAS le otorgó el retiro militar con derecho a sueldo pleno y con grado de
coronel. Más tarde ocupó por corto tiempo la comandancia de San Nicolás de los
Arroyos, antes de pasar definitivamente a retiro. Falleció en diciembre de 1857
en Buenos Aires.
Cuentan que Melián tenía una costumbre muy criolla,
aprendida en su niñez, en la estancia de los Correa, su familia materna: la de
despreciar los estribos. Trepaba al caballo de un salto, cruzaba los estribos
en la cruz del animal para que no lo estorbaran y galopaba de manera
desaforada. San Martín desaprobaba esta conducta y lo reprendió en forma
tajante cuando Melián partía con su escuadrón, nada menos que para hacer el
reconocimiento de la cuesta de Chacabuco. Al partir le anunció que al regresar,
debería cumplir un arresto de 15 días. El inminente choque con los realistas
obligó a dejar en suspenso el castigo, pero al finalizar la batalla, el
comportamiento de MELIÁN hizo que SAN MARTÍN revocara la pena y en liugar de
castigarlo, lo felicitara.

